¿Porque mi psicólogo no es mi amigo?


Seguramente te has preguntado esto cientos de veces, y sobre todo si conoces a alguien que se dedique a esta profesión.

Sucede que existen ciertas reglas en la relación terapéutica que no son compatibles con una relación amistosa. Un ejemplo de ello es que la relación terapéutica es asimétrica (se centra en las necesidades del paciente), NO ES GRATIS, los terapeutas cobramos por nuestro trabajo y, por tanto, los pacientes  no tienen por qué sentirse en deuda con nosotr@s. Además esta relación está sujeta a una serie de reglas que permiten el funcionamiento de la relación como son: la frecuencia y duración de las sesiones, el lugar de las mismas, puntualidad. Honorarios, duración limitada de la terapia (Porque sí tiene FIN), y la colaboración activa del paciente.

Sí aun con esto no te queda clara la diferencia entre amistad y la terapia, permíteme contarte un poco más. La terapia consiste en aplicar una serie de técnicas especializadas para la situación que los pacientes viven, no basta escuchar y preguntar ¿Cómo te sientes?  O decir el típico y tan desagradable “NO PASA NADA, ECHALE GANAS”.   Los amigos lo hacen con la mejor intención de mostrar su apoyo sin embrago los profesionales sabemos que esto no basta.

 

El terapeuta mantiene una posición mucho más objetiva porque no pertenecemos a tu sistema de relaciones afectivas, y por lo tanto esa distancia nos permite mantener una mejor posición  para mirar con claridad y de forma más completa las situaciones que nos cuentas durante las sesiones.

 

Además no entramos en conflicto de intereses, por lo que no nos es indispensable estar de acuerdo contigo todo el tiempo, sí somos como ese pepe grillo que CASI SIEMPRE te dirá lo que no te gusta escuchar, y sobre todo mostrará que hay algo que se tiene que modificar para que tú puedas resolver la situación que te trajo a consulta, obviamente siempre con respeto y ética.

A diferencia de tus amig@s que aunque son bien intencionados, pero que  casi siempre terminan hablando de ellos mientras tú les cuentas tus problemas, o haciendo comentarios prejuiciosos en base a su experiencia y como bien sabemos CADA QUIEN HABLA COMO LE FUE EN LA FERIA. El terapeuta mantendrá una escucha activa que le permita obtener información valiosa para poder ayudarte a entender o aclarar tus inquietudes sobre dicha situación, centrándose únicamente en tus vivencias sin juzgarte.

 

Otro punto que marca la diferencia es que los terapeutas NO DAMOS CONSEJOS, y aquí es cuándo tú preguntas ¿Pero por qué? si a eso vengo, a que me digan que hacer, Cuando en terapia me preguntan y tú qué harías? La respuesta es que YO NO SOY TÚ y que seguramente tomaría alternativas distintas.  Esto con la intención de que tú te sientas segur@ con tu decisión habiendo evaluado todas las opciones que tienes ante esa situación que vives, y tomando en cuenta las consecuencias de dichas elecciones.

Esto con el objetivo de apoyarte a hacerte responsable de tu bienestar sin depender de nadie, y que esto permita una mayor libertad y empoderamiento al momento de decidir, para lograr que ninguna voz sea más importante que la tuya.

 

Por último recuerda que una relación terapéutica se distingue por tener la creatividad y sensibilidad clínicas necesarias para entender eso que vives, Toda terapia decide que herramientas son las adecuadas   y  en qué grado son necesarios los ajustes para cada paciente, ya que siempre son distint@s y cada uno merece lo mejor.

 

Así que ahora sabes porque tu amig@ no puede ser tu psicolog@.... y a pesar de que no haya una relación amistosa esto no significa que no exista simpatía y aprecio por nuestros pacientes, sólo la relación tiene matices distintos.



POR NANCY AZBELL C. COGNOS IPSI